18/9 Bruselas

Hoy nos hemos levantado a una hora indigna, las 8:30. Indigna para estar de vacaciones, al menos. Pero nuestro plan consiste en levantarnos pronto para coger muchas horas de día y los sitios abiertos. Así que nos hemos arreglado, hemos desayunado tranquila y copiosamente junto al hotel (otra parte del plan: desayunar fuerte y saltarnos la comida del mediodía) y a las 10:30 estábamos en la Grande Place para empezar una visita guiada que habíamos cogido. Nuestra guía era una chica colombiana un poco sosa, pero que se conocía bastante bien la ciudad, así que hemos pasado dos horas y media muy interesantes, viendo buena parte del centro de Bruselas.


Después nos hemos tomado algo en una terraza y hemos parado a descansar un poco. Y ya rumbo hacia uno de nuestros dos objetivos adicionales del día: la catedral. Bruselas tiene una catedral gótica no demasiado conocida, pero muy espaciosa y con unas vidrieras enormes que le dan mucha luz. Además, tiene muchas obras de arte en su interior, incluidas varias de Michiel Coxie, un pintor flamenco que tal vez conozcáis porque también tiene muchos cuadros en el Escorial. Parece que a Felipe II le gustaba mucho, aunque hoy esté un tanto olvidado.


Y de allí nos hemos ido al metro para la última visita del día, el parque del Atomium, en el norte de Bruselas. El Atomium tiene cierta fama de monumento pasado de moda, en mi opinión, inmerecida. Sigue siendo bastante interesante y está en un lugar muy agradable para ir a pasar un rato. Eso sí, la entrada es cara (16,50 € por cabeza), así que nosotros hemos preferido tomarnos unos helados en un velador debajo del monumento. Y por debajo me refiero a literalmente debajo. Un ratito muy guay.


Después nos hemos dado un paseo por el parque para coger el metro una parada más al sur que la de Heysel, donde está el Atomium. Si, el (tristemente) célebre campo de fútbol también está allí. Hemos visto muchas cuadrillas de chavales haciendo botellón y, finalmente, atravesado un barrio con un aspecto muy inglés hasta llegar al metro. Aspecto inglés, pero de barrio chunguete inglés. Bruselas tiene muchas zonas un tanto deterioradas. Por el día tenia un pase, pero no nos habría gustado cruzar ese barrio casi desierto por la noche.

Y entonces ha empezado la parte gastronómica del día. Hemos ido a cenar (temprano, sí, pero para eso nos saltamos la comida) al Fin de siècle, un restaurante de comida tradicional que nos habían recomendado. Y donde nos hemos puesto hasta arriba, porque las raciones son generosas. Ester se ha dejado un poco de lo suyo, ante lo cual el camarero nos ha dicho que él tampoco se lo acababa nunca. Y yo debería haber hecho lo propio, porque al salir casi no me podía mover. De nuevo, por menos de 20 € cada uno.

Y nos hemos ido al Delirium a tomar una cerveza. La fábrica de la Delirium Tremens (y otras cervezas) tiene varios bares juntos en el centro de Bruselas, uno de los cuales es una cervecería muy grande que, según el Guinness, tiene más de 3500 cervezas diferentes. Pero yo me he pedido una Delirium Tremens, que para eso estábamos en su casa y, además, me gusta mucho. Y Ester se ha pedido una Coca-Cola porque no le gusta la cerveza; nadie es perfecto, oye.

Luego hemos ido a la cervecería de la Morte Subite, pero estábamos ya muy cansados y, al menos yo, muy lleno, conque hemos decidido dar por terminado el día y volvernos al hotel. A las nueve ya estábamos tirados en la cama, qué vergüenza. Aunque lo de dormir se ha demorado un poco porque había fiestote en la calle, debajo de la estatua de Don Quijote y Sancho Panza que está a unos 200 metros de nuestro hotel. Claro que a las 22:30 en punto ha acabado la música, los viejitos que estábamos en la cama un sábado a esas horas no nos podemos quejar. Y sí, he dicho Don Quijote y Sancho. Hasta mañana.



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